Como en los viejos tiempos
Un grupo de amigas, doce para ser exactas. Se ven, se reúnen, charlan con cierta frecuencia, pero unas más que otras. Y por fin llegó el día en el que nos pudimos ver todas, o casi todas, porque una se había marchado de viaje, por motivos familiares. Así con todo, fue una auténtica alegría. Porque la estampa fue muy repetida en tiempos pasado, pero como todo lo pasado pasado está, hacía mucho que no se producía.
Antes, efectivamente, nos veíamos todos los fines de semana: viernes, sábados, incluso domingos. Contabamos las horas que quedaban para que llegara. El vestido que nos ibamos a poner, el maquillaje que nos ibamos a aplicar y el dinero que nos ibamos a gastar. Nos veíamos tanto, que llegaba el lunes, en clase y seguíamos juntas, hablando sin parar. No se agotaban los temas, la mayoría de chicos.
El tiempo y las ambiciones profesionales y personales de cada una nos llevaron por caminos diferentes. Y el tiempo consiguió separarnos durante años. Un paréntesis que, con suerte, hemos cerrado, aunque descubriendo que "nada volverá a ser como antes", como la canción del Canto del Loco.
Los viernes, sábados y domingos se han quedado en uno. Da igual cual. Ni siquiera las conversaciones son las mismas. Ahora hemos descubierto valores entre nosotras que antes no veíamos y otros, en cambio, han desaparecido.
El tiempo pasa, nosotras cambiamos. Pero, al menos, queda una cosa, quizá la más importante: la AMISTAD. Diferente, eso sí... madura.
